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domingo, 26 de enero de 2014

CONVERSACIÓN PERSONA - PERSONA

Grupo de alumnos haciendo la dinámica de integración.
Una de las dinámicas de integración más sencilla y que da muy buenos resultados es la conversación persona a persona. Se pide a todos los participantes que conversen en grupos de dos con cada uno de sus compañeros por espacio de 1 min. Cada vez que el animador da un aplauso los alumnos cambian de pareja, y así sucesivamente, hasta que todos hablen con todos. Se hace en grupos de dos, que es más confidencial para que el alumno se exprese y disipe sus temores. En grupos de tres o más disminuye esta confianza.
La madre Teresa decía: "Yo creo en la conversación persona - persona, cuando yo converso con una persona es la única para mi que existe en ese momento, porque esa persona es Dios".
Ver la imagen de Dios en nuestro interlocutor es la mejor forma de prestar atención y escucharle.
El tema de conversación es libre o puede ser propuesto por el profesor.    

domingo, 10 de noviembre de 2013

DEMÓSTENES VERSUS CICERÓN

Dos grandes de la oratoria antigua: Demóstenes, griego, y Cicerón, romano. 
Demóstenes tenía el talento natural, el cual perfeccionó con el ejercicio, destacó por su energía y vehemencia frente a sus competidores.
Cicerón, era muy instruido, con el estudio descolló en toda clase de estilos, no sólo ha dejado muchos libros sobre la materia, sino que aún en las expresiones escritas para sus polémicas se ve su empeño de mostrar erudición.
Demóstenes apelaba al compromiso, lejos de toda brillantez y de parecer gracioso. Era diligente en su trabajo, austero, y se irritaba con frecuencia.
Cicerón se inclinaba por ser pícaro, usando la ironía en los asuntos que requerían cuidado y estudio. Utilizaba los chistes para  sacar partido de ellos dejando de lado el decoro, como en la defensa de Celio, cuando dijo: “No ser extraño que entre tanta opulencia y lujo se entregara a los placeres, porque no participar de lo que se tiene a la mano es una locura, especialmente, cuando filósofos muy afamados ponen la felicidad en el placer”. 
Siendo cónsul, quiso mortificar a Catón y satirizó con amplitud a la secta estoica por sus paradojas, haciendo reír al auditorio y a los jueces, por lo que Catón, esbozando una sonrisa y sin alterarse exclamó: “¡Qué ridículo cónsul tenemos, ciudadanos!”
Parece que Cicerón estaba formado para las burlas y los chistes, su semblante era festivo y risueño; mientras Demóstenes se mostraba con severidad y meditación, de la cual no pudo escapar, sus enemigos le tildaban de molesto e intratable.
Demóstenes no gustaba de las alabanzas propias, salvo si podía convenir para un fin importante, más bien era reservado y modesto.
Cicerón exageraba su amor propio, hablaba siempre de sí mismo, tenía una insaciable
ansia de gloria, como cuando dijo: “Cedan las armas a la docta toga, y la corona triunfal a la elocuencia”. No sólo celebraba sus propias acciones, sino también las frases que escribía y decía; gustaba competir con otros oradores antes que atraer y dirigir al pueblo romano: Grave y altivo, poderoso en armas, con sus contrarios era iracundo y fiero.
Cicerón se deleitaba con su elocuencia a diferencia de Demóstenes, quien en su modestia decía que su habilidad no era más que una práctica, pendiente aún de la generosidad de los oyentes.
La habilidad para hablar en público e influir en el gobierno fue similar en ambos, hasta el extremo de valerse de ellos jueces en las armas y en los ejércitos: de Demóstenes se valió Cares, Diopites y Leóstenes; de Cicerón, Pompeyo y César Octavio, como éste lo reconoció en sus comentarios a Agripa y Mecenas. 
Demóstenes no obtuvo cargo alguno de importancia, pues ni siquiera fue uno de los caudillos del ejército que él mismo hizo generar contra Filipo. Mas Cicerón fue de magistrado a Sicilia y de procónsul a Capadocia; y en un tiempo en que la codicia abundaba, dio pruebas de  desprendimiento, de mansedumbre y probidad. 

domingo, 20 de octubre de 2013

EL ORADOR EN ACCIÓN - CÓMO DEBE PRESENTARSE EN EL ESCENARIO

Algunas recomendaciones: 
  • Mantenga una postura correcta: el cuerpo erguido, sin inclinaciones que denoten debilidad o abatimiento. Evite poner las manos en los bolsillos, es un indicio de desgano, de inacción. 
  • Muéstrese con  energía,  vitalidad, vivacidad  y entusiasmo.
  • Cuidar el aspecto físico, debe estar correctamente vestido, de acuerdo a la ocasión. La elegancia es el arte de llevar la ropa apropiada para el momento apropiado con el buen gusto en la combinación de los colores.
  • No hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión, ésta es la que más perdura. Cuide su imagen, evite ostentación en el vestir y prendas que puedan distraer a los oyentes. Verifique que el traje no esté arrugado o con desperfectos, y que la corbata esté bien colocada. Vaya bien afeitado. Evite el cabello desaliñado.      
  • Una sonrisa cálida y amable debe acompañar la imagen del orador. La sonrisa es calor humano que abre los corazones y predispone favorablemente.
  • El gesto adusto, un semblante hosco y duro, desmejora la expresión y no se justifica.
  • La mirada debe ser panorámica. Hay que mirar a las personas del auditorio, mirar con sencillez y normalidad. Quien no mira al público no logrará una buena comunicación. Al público le gusta cruzar la mirada con el orador. Estar atento con la mirada permite captar el  estado de ánimo de los oyentes y adaptar  el discurso a  esa circunstancia.
  • No ingiera alimentos antes de hablar, así evitará que el cerebro y el estómago disputen la sangre necesaria para el doble trabajo.
  • Resumiendo: el orador debe mostrarse simpático, con sencillez, sin ostentaciones, pero con dignidad y seguridad. Con una sonrisa cálida, amable y una mirada sencilla.