Translate

lunes, 9 de noviembre de 2015

Siete Tipos de Oyentes y cómo dirigirse a ellos



La capacidad para escuchar y transmitir nuestros pensamientos, hace la diferencia entre buenos y excelentes comunicadores.
Una escucha activa genera confianza, credibilidad y respeto. Una condición para alcanzar este nivelo es cuando se escucha en lugar de tratar de componer su respuesta.
   
1- Los “Inquietos”: Siempre están apurados, buscando algo o haciendo algo. Llamados también “multitareas”, estas personas no se pueden quedar sentadas.
Si habla con un “inquieto”, puede preguntarle: ¿Este es un buen momento? O puede decir: “Necesito tener solo un momento de su atención”. Comenzar con una frase que llame su atención, sea breve y vaya al punto con rapidez ya que su atención se distrae rápidamente.

2- Los “desenchufados” Estas personas están preparados para alternar todo el tiempo. Están listos para completar una idea. No escuchan, están concentrados en adivinar lo que se va a decir y lo que ellos quieren decir.
Si se habla con un “desenchufado” verificar cada vez si entienden lo que se está diciendo. Como con los “Inquietos”, comience con una frase que capte su atención, hay que ser conciso e ir al grano ya que su atención se desvanece pronto.

3- Los “Interruptores”: Estas personas parecen no escuchar lo que se dice.
Si un “interruptor” interviene, déjelo hablar, de otra manera nunca lo escuchará. Cuando haya terminado diga: “Como estaba diciendo…” para remarcar su interrupción.

4- Los “Apáticos”: Estas personas parecen estar aburridas, que no les importara lo se está diciendo. Si habla con un “Apático” dramatice sus ideas y hágale preguntas para mantenerlo involucrado.

5- Los “Combativos”: Están preparados para discutir. Ellos disfrutan estar en desacuerdo y culpar a otros. Cuando hable con un “Combativo”, no retroceda, hable sobre cómo puede estar de acuerdo o desacuerdo con el asunto o qué es lo que se puede hacer de diferente modo la próxima vez.

6 – Los “Analistas”: Están en constante cambio de roles de consejero o terapeuta y están listos para proporcionar recomendaciones no solicitadas. Ellos piensan que son grandes oyentes y aman ayudar. Están constantemente analizando lo que están oyendo y tratando de aconsejar.


7- Los “Comprometidos”: Estos son los buenos oyentes. Ellos escuchan con sus ojos, oídos y con el corazón y tratan de ponerse en los zapatos del otro. Esto es escuchar a un alto nivel. Su habilidad de escuchar nos estimula a seguir hablando.
Si hablamos con un “Comprometido”, hay que agradecerle su atención en nosotros y en lo que decimos.

jueves, 1 de octubre de 2015

DISCURSO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO: MANUAL DE CONCILIACIÓN EXTRAJUDICIAL del Dr. Freddy Ortiz Nishihara

Sr. Decano del Colegio de abogados del Perú:
Estimados miembros de la mesa de presentación:
































Es grato dirigirme a ustedes y al público -que nos alegra con su presencia- con ocasión de la presentación del libro: Manual de CONCILIACIÓN EXTRAJUDICIAL del Dr. Freddy Ortiz Nishihara.
Este libro refleja la inquietud del autor de estar actualizado en los mecanismos alternativos de solución de conflictos como es la conciliación, que nació como una opción a los engorrosos procesos judiciales de menor índole que harían disminuir la carga procesal del país.
Sabemos que el conflicto es fruto de la interacción humana -la cual es necesaria para crecer y desarrollarse- y que puede producirse en cualquier momento.  Por ello, buscar alternativas de solución es parte de la Cultura de Paz que debemos fomentar desde el hogar y la escuela, pues creo que el conflicto en sí no es el problema, sino la forma cómo lo encaramos para darle una solución. Cómo hacer para que un lío no nos lleve a un conflicto mayor.
Solemos preguntarnos entre las personas: ¿Cómo estás?, como parte de nuestro saludo, y la respuesta es casi como compromiso decir: “¡Bien!”, sin embargo, nuestro semblante parece decir lo contrario, porque no estamos bien y llevamos conflictos personales, sin hablar de ellos, sin solucionarlos, y como consecuencia vivimos enojados, cohibidos, trabados, con un rostro que indica que no estamos bien. Para solucionar los problemas hay que comenzar por lidiar con nuestros propios conflictos, perdonarnos a nosotros mismos, la paz viene del corazón humano no de afuera. Para establecer una Cultura de Paz, hay que vivir la paz, llevar la paz, trabajar en paz, hablar en paz, conciliar en paz, comer en paz, estudiar en paz, acostarse en paz, levantarse en paz; y esto no es posible si vivimos en permanente conflicto.
Como podemos ver en la página 244, la frase de Ghandi citado por el autor: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.
El antídoto del conflicto es la conciliación, no la conciliación que amenaza, grita o quiere imponerse sobre el otro, sino aquella en la cual se busca libremente ponerse de acuerdo, con la ayuda de un conciliador (facilitador) que no se deja manipular por las partes sino que se basa en la verdad, en la ley y su propia capacidad de conciliador resultado de su formación moral y académica.  
En este contexto todo trabajo que nos ayude o nos facilite la labor de solucionar los conflictos será siempre bienvenido, como lo es este Manual de Conciliación Extrajudicial, fruto de la experiencia de su autor como conciliador, capacitador y su permanente búsqueda de una Cultura de Paz como respuesta a la violencia e inseguridad de cada día.
Podemos encontrar en el libro la teoría del conflicto social: qué es un conflicto y cómo se genera, los niveles del conflicto, el proceso de un conflicto y cómo le damos solución con la conciliación extrajudicial. Nos detalla sobre los Mecanismos Alternativos de la Solución de Conflictos en las cuales también están la negociación, la mediación y el arbitraje.
En cuanto a los modelos conciliatorios, nos presenta al modelo de la Escuela de Harvard, el modelo Transformativo, el modelo Circular Narrativo y el modelo Andino, que el autor recomienda al conciliador conocer para que pueda utilizar la técnica más adecuada al conflicto que se analiza.                           
Otro aspecto importante abordado por el libro es el de las técnicas de comunicación, el ser humano es cómo se comunica. No siempre lo que decimos es lo que entiende nuestro interlocutor, por lo tanto ¿cuál es la productividad de comunicación oral de un conciliador? ¿Hacemos retroalimentación con frecuencia? ¿Entendemos realmente la raíz del conflicto, esa parte no visible del iceberg?
Tenemos que estar atentos a las actitudes de las personas en conflicto, según Albert Menhabian sólo el 7% de la comunicación es verbal, el resto, el 93% es no verbal y está conformado por la expresión corporal, 55% y el tono de voz, 38%.
Por otro lado no hay comunicación efectiva si no es afectiva, es fácil darnos cuenta cuando una persona presta verdaderamente atención en lo que de decimos. Esto nos enseñó claramente la Madre Teresa de Calcuta cuando dijo: “Yo creo en la conversación persona a persona, cuando yo converso con una persona es la única que existe para mí en ese momento, porque esa persona es imagen de Dios”.  Escuchar con empatía, expresarse con asertividad y tener vocación de servicio son los ingredientes fundamentales en la conciliación como nos ilustra el manual de conciliación.
En el capítulo la Ética Aplicada a la conciliación, el autor señala que toda labor profesional que desarrolla el hombre debe estar fundamentada en los valores, la prédica no convence si falta lo primero. Estamos frente a un compromiso permanente de todo ser humano y particularmente del conciliador, de actuar moralmente acorde con el sistema legal del país.
Quiero mencionar un caso que plantea el Dr. Freddy Ortiz Nishihara sobre los dilemas éticos y que es probable que se dé en alguna circunstancia, dice (página 185): “Ud. Está laborando en un Centro de Conciliación como captador-conciliador de casos, un buen día llega el abogado Samuel Trucovich, se le hace pasar a la sala de recepción de solicitudes y cuando está tomando nota de los pormenores del caso y llenar en formato de la solicitud, le dice muy suelto de huesos: Dr. Yo quiero ser sincero con usted e ir al grano, sé que no va a haber conciliación, la otra parte no vendrá, es muy conflictiva… Abreviemos el trámite de la comunicación y deme el Acta correspondiente luego de simular todas las etapas, que yo sabré recompensarle adecuadamente” ¿Cuál sería su actitud frente a esta situación?
¡Para reflexionar no!, recuerdo en mi época de estudiante, una amiga de derecho. Al escucharme decir que un abogado defiende las causas justas, me dijo: “Y también las causas injustas”, algo que me costaba entender, pero entender no significa estar de acuerdo con las malas prácticas del derecho y de la conciliación. Por algo llamamos Ministerio de Justicia, es decir el servicio a la justicia, dar a cada quién lo que es justo.
Finalmente el libro nos ilustra cómo podemos organizar y administrar un Centro de Conciliación, es decir, cómo constituirlo; los objetivos y procedimientos que se deben realizar, los mecanismos de funcionamiento y atención al usuario, los diferentes tipo de actas y formatos que se usan en la conciliación. Un libro actualizado para estudiantes y conciliadores, un manual de consulta para quienes se dedican a la enseñanza y la difusión de la Conciliación extrajudicial en el Perú que deberíamos tener en nuestra biblioteca.
Quiero agradecer y felicitar al Dr. Freddy Ortiz por haberme invitado a participar en la presentación de su obra, por su trayectoria como docente y la defensa de los derechos ciudadanos; su labor como conferenciante y capacitador en el interior de país como en el extranjero donde es reconocida su labor profesional. 
Muchas gracias.
Ing. Jorge Portilla  

LUCHANDO POR MI FUTURO



Presentamos uno de los mejores discursos sobre el tema de nuestro planeta y sus habitantes a cargo de la estudiante Severn Suzuki, presentado en la asamblea anual de las Naciones Unidas (1992):


Hola, soy Severn Suzuki y hablo por ECO (Environmental Children’s Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas para deciros a vosotros, adultos, que tenéis que cambiar vuestra forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro.
Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.
Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de cánceres. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.
Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean.
¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?
Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.
No saben como arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben como devolver a los salmones a aguas no contaminadas. No saben como resucitar un animal extincto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.
Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.
Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien.
Aún soy solo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.
Aún soy solo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo.
En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento.
En mi país derrochamos tanto… Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.
En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.
Hace dos días, aquí en Brasil, nos soprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”.
Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?
No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favellas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.
Aún soy solo una niña y se que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar maravilloso sería la Tierra.
En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos.
¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?
No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”.
Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.
Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras. Gracias.